La llamada del verde: mi próximo destino es Galicia

Hay un término en gallego, «morriña», que nunca he logrado traducir del todo bien. Es más que nostalgia; es una añoranza profunda, casi física, por una tierra. Y hoy, en este lunes de octubre, con el otoño ya instalado en el aire aquí en Vigo, siento esa llamada con una fuerza arrolladora. Mi próximo viaje no puede ser a otro lugar. Mi destino tiene que ser, una vez más, Galicia.

No es una decisión lógica, de esas que se toman comparando guías de viaje o buscando el destino de moda en redes sociales. Es una necesidad del alma. Siento el anhelo de conducir por carreteras secundarias sin un rumbo fijo, con las ventanillas bajadas para que se cuele ese olor inconfundible a salitre y eucalipto. Anhelo el momento de aparcar el coche junto a una playa desierta de la Costa da Morte, con el único sonido del Atlántico rompiendo contra las rocas y el graznido de las gaviotas.

Pienso en volver a perderme por los bosques de la Ribeira Sacra, donde el tiempo parece detenerse entre viñedos heroicos y monasterios de piedra milenaria. Quiero sentir el frío de la mañana en los cañones del Sil y calentarme después con un vino mencía y un plato de pulpo á feira en alguna taberna de aldea. Es un turismo sin prisas, que se saborea a fuego lento, como su gastronomía.

Galicia te obliga a reconectar. Te aleja del ruido del mundo y te acerca al susurro de las leyendas, al murmullo del agua y al sabor de lo auténtico. Pienso en una cena en Combarro, con los hórreos casi tocando el mar; en un paseo al atardecer por el casco antiguo de Santiago, cuando la piedra mojada refleja las luces y suena una gaita a lo lejos. Son esas imágenes, esos pequeños momentos, los que se quedan grabados en la memoria y alimentan esta morriña.

Quizás este otoño sea el momento perfecto. Ver los bosques teñirse de ocres y amarillos, buscar setas por la mañana y castañas por la tarde. Huir de las multitudes del verano y encontrar la verdadera esencia de esta tierra mágica. Sí, la decisión está tomada. No necesito mirar más mapas ni buscar otros vuelos. Mi brújula interior lleva tiempo apuntando hacia el noroeste. Mi viaje es destino Galicia.