Viendo la vida pasar desde la ventana del despacho

Quería un despacho con vistas, para tener algo que hacer mientras pienso mi próximo movimiento con el trabajo. Sé que puede parecer que pedía mucho, sé que existen millones de personas que no solo no tienen vistas desde la ventana de su despacho, sino que ni siquiera tienen ventana y/o despacho.

De cualquier forma, por diversas circunstancias, me encontré finalmente con un despacho con vistas. Lo que no sabía yo es que dichas vistas las tendría a todas horas, días y noches: 365 jornadas al año. ¿Por qué? Por ‘culpa’ de la persiana. Ya he tenido que buscar en internet persianas venecianas de madera porque mucho me temo que las mías necesitan un cambio. Desde luego, al menos, una revisión.

A lo largo de mi vida he tenido una relación ‘tirante’ con las persianas. Creo que es una de esas cosas que no ha evolucionado mucho con el paso de los años, ¿no? Que tampoco digo que tengan que llevar chips incorporados o que las podamos bajar o subir desde el móvil. Pero sí creo que, al menos, su mecanismo (en general) sigue sin ser el más fiable del mundo. Yo compararía las persianas con los paraguas: la vida no pasa por estos productos.

Y eso que a mí me gustan, por ejemplo, las persianas venecianas de madera. Creo ofrecen un aspecto muy agradable y cálido cuando son de este material, mucho mejor que el PVC u otros. Tampoco me disgustan las venecianas metálicas. Hay que tener en cuenta que a las persianas más tradicionales les ha salido un duro competidor con los estores.

Los estores no son unos recién llegados pero sí que se han puesto de moda en los últimos años. La gran variedad de tipos de estor provoca que siempre podamos encontrar uno a nuestro gusto. Pero creo que el problema de los estores es parecido al de las persianas tradicionales: su mecanismo. Por lo general, este tipo de productos fallan más en el mecanismo para subir y bajar.

Pero en fin, podía ser peor. No puedo bajar la persiana del despacho, pero así me entretengo más viendo la vida pasar a todas horas.

Cómo cambiar una habitación en tres pasos

¿Te has cansado de tu dormitorio y quieres un cambio radical pero sin tener que invertir demasiado dinero? Te vamos a dar tres ideas con las que el aspecto del cuarto será totalmente diferente  y que no te obligarán a realizar obras importantes más allá de las relacionadas con la pintura. Ponte manos a la obra y transforma tu dormitorio.

1) Cambiar el color de las paredes. Cambiar el color de las paredes ya puede hacer que cualquier habitación de la casa se vea totalmente diferente. Pueden elegirse muchas opciones diferentes, como combinar distintos colores o incluso recubrir una pared con alguna imitación de materiales como la piedra o la madera.

Esto suele hacerse con la pared principal de la cama, en la que van el cabecero y las mesillas y le da un aire muy distinto al cuarto. Estos recubrimientos pueden ser de muchos tipos, desde los que realmente imitan a ese material hasta vinilos imitando dicho material que se pegan en la pared.

Incluso existe un término medio, que son recubrimientos con relieve pero de muy poco peso, que son adhesivos, por lo que resultan tan fáciles de poner como un vinilo pero con una textura y una terminación mucho más elegante.

2) comprar estores. Una vez que hayas elegido el color o colores de las paredes es el momento de cambiar las cortinas o estores. Tienes que tener en cuenta que si escoges estores con un estampado colorido y llamativo tendrás que poner el resto de los elementos decorativos de la habitación en tonos más neutros, así que tendrás que escoger.

Lo habitual es que el estor tenga un color similar al de la pared o que haga contraste con la misma y que el estampado, de tenerlo, sea discreto y sin demasiados tonos. De este modo, permite jugar con otros elementos de la decoración.

3) Colchas nuevas. Colchas o fundas de edredones. No importa lo que sea que te guste utilizar según la época del año. Pero si quieres ver tu habitación totalmente renovada y sentir que estás en un cuarto nuevo, necesitas que tu cama se vista de una manera muy distinta de la habitual.

Por supuesto, sus colores deben de ir a juego con paredes y estores, pero no tienen por qué estar coordinados. Solo escoge un elemento común, como el tono de fondo, y disfruta realizando distintas apuestas de color.