La rutina del supermercado

Soy un vagabundo de los supermercados, en ninguno me siento muy cómodo y me gusta cambiar cada cierto tiempo. En algunas etapas de mi vida me tuve que conformar con ir casi siempre al mismo súper porque no había otro cerca de casa, pero ahora que lo único que hay en las calles de nuestro país son bares y supermercados, siempre hay donde elegir.

¿Por qué me cansan los supermercados? Bueno, es que a mí me cansan bastante las rutinas. Son necesarias para vivir y tener una vida organizada, pero tampoco hay que pasarse. En cuanto una rutina empieza a transformarse en algo tedioso, es hora de cambiar algo en esa rutina para que parezca nueva.

Pero a lo que iba: de los supermercados me cansa todo, desde los clientes, a las cajeras, pasando por los productos que venden. Porque cada súper tiene sus señas de identidad. Cuando coincides cada día con la misma señora a la misa hora comprando la asturiana lechera, cuando la cajera te llama por el nombre, o cuando el frutero empieza a guiñar el ojo a tu santa mujer, es momento de cambiar de supermercado.

Lo primero que me cansa son las cajeras. Siempre ahí, siempre las mismas. Que sí, que no tienen culpa, pero no puedo ver las mismas caras todos los días, aparte de a mi santa mujer, claro. Y además cada cajera tiene sus costumbres, y algunas me desquician, como la de tirarme la vuelta en la mano, sin darme tiempo a colocarla bien, con lo que varias monedas siempre caen: “uy, perdona”. Y así, día tras día.

Entonces cambias de supermercado y descubres que nada está como en el súper al que ibas antes. Pierdes varios minutos buscando el aceite, de pasillo en pasillo, hasta que finalmente te das cuenta de que el que tú buscas no lo venden en esta cadena de supermercados. Y es cuando empiezas a echar de menos todo lo del anterior, la señora de la asturiana lechera, la cajera con alergia al contacto físico o el frutero que trata de romper tu matrimonio.

Yogures: cómo hemos cambiado

A veces me pregunto cómo es posible que nos gusten tanto los yogures. En mi casa vuelan, hay que estar reponiendo cada poco. Es un producto que sirve casi para cualquier cosa: desayunar, de postre, para la merienda, para una cena ligera. Se parece a la fruta en el sentido de que cualquier hora del día es buena para consumirlos. Pero los yogures comerciales han cambiado mucho en los últimos años. Desde los frascos clásicos de cristal al bifidus activo.

Una de las marcas de productos lácteos más conocidas a nivel mundial comenzó envasando el yogur en porcelana, ¡nada menos! Luego llegó el cristal. Es curioso porque el cristal sigue presente como envase de yogures aunque ha quedado reservado para aquello con cierto halo gourmet o que prometen una calidad superior a la media. Precisamente hace poco ha llegado al mercado un nuevo yogur con envase de cristal con trozos de fruta que está delicioso.

¿Por qué le damos tanta importancia el envase? Por supuesto, el yogur en sí mismo, lo que vamos a consumir es decisivo: su sabor, textura, calidad, etc. Pero no decimos nada nuevo si afirmamos que el envase de cualquier producto alimenticio se ha convertido desde hace años en un asunto capital para las marcas comerciales. Crear un recipiente atractivo y con aspecto de novedoso es clave para que el consumidor lo meta al carrito.

Por ejemplo, en la actualidad los yogures bifidus activo se han convertido en tendencia y cada vez son más consumidos. Pero las empresas lácteas deben ingeniárselas para diferenciar sus productos de la competencia prometiendo una mejor calidad y sabor. Y no hay mejor forma de hacerlo que con el envase: más anchura, colores diferentes, una etiqueta llamativa… Cualquier cosa vale para llamar la atención.

Actualmente, la variedad de yogures (y envases) que encontramos en cualquier supermercado es ingente, pero la mayoría de los recipientes son de plástico lo que abarata los costes. Nos hemos acostumbrado a ellos y también a la cantidad. Así que cuando alguna cadena de supermercados ha tratado de difundir un yogur de mayor tamaño parece que se nos queda grande…

¿Cómo preparas tú los flanes?

El flan es una de las recetas más típicas en todos los hogares. Les encanta a los niños y también gusta a los mayores y hay tantas formas diferentes de hacerlo que rara es la persona que no encuentra una que le haga caer en la tentación.

Los más golosos realizan los flanes con leche condensada y para los que están a dieta el azúcar se cambia por edulcorante y se usa leche desnatada. Siempre hay una manera de hacer flan para que todo el mundo pueda comerlo.

Algunos adoran el flan de huevo, el típico que hacían nuestras abuelas. Otros prefieren la suave receta del flan de vainilla realizado con vainilla natural. Pero incluso el flan que se hace con preparados vale si no se tiene más maña con la cocina.

Los flanes que ya se venden hechos son una opción perfecta para llevar a cualquier sitio y para poder comer flan los días que no hay tiempo para realizar ninguna receta. Solo hay que escoger aquellas marcas que ofrecen productos de mejor calidad y con sabores auténticamente caseros.

Pero si lo que te gusta es realizar cada semana un flan diferente, entonces te aconsejamos que entre en club leche asturiana y eches un vistazo a las recetas que te puedes encontrar. También puedes participar con otros usuarios y compartir tu fórmula mágica que da lugar al más delicioso flan.

¿Te gusta con nueces? El flan con nueces es un clásico que no pasa de moda, igual que el flan con plátano o con helado. Pero hay mezclas muy modernas y con gustos muy distintos, como la que se hace con leche de avena y que es apta para las personas con intolerancia a la lactosa.

Incluso hay recetas para realizarlas en el microondas o en robots de cocina. Y lo mejor de todo es que en cualquier caso, siempre puedes personalizarlas para darles tu toque especial, por ejemplo, haciéndolo un poco más suelto para que quede con la textura de crema pastelera y sirva para rellenar todo tipo de hojaldres.

Por último, una recomendación personal que espero que te guste: usa los aromas artificiales para darle a tus flanes todo tipo de gustos diferentes: licor de naranja, cerezas, piña, crema catalana… hay aromas que imitan a la perfección cualquier sabor y que te ayudarán a variar sin tener que recurrir a más ingredientes.