Cerca de cuatrocientos km de litoral convierten a Pontevedra en una de las provincias con mayor línea de costa. No sorprende que sus destinos insulares acaparen las miradas del turismo nacional. Sus diferentes islas y archipiélagos gozan de un estatus elevado de protección, siendo un ejemplo a seguir en cuanto a conciliación de la defensa medioambiental y la promoción turística se refiere. En las islas cíes islas ons se aprecian estas dos facetas.
Perteneciente al Parque Nacional de las Islas Atlánticas, el archipiélago de Ons se distingue por sus playas de aspecto salvaje y sus distintas furnas o cuevas marinas, como la famosa Buraco do Infierno. Su afluencia turística carece de impacto negativo sobre su biodiversidad gracias a las limitaciones de aforo y la inversión constante en la limpieza de fondos marinos y otras actuaciones orientadas a preservar su biodiversidad.
Más de trescientas mil personas visitan cada año las Cíes, un conjunto isleño en la desembocadura de la ría de Vigo. Se compone de las islas de Monteagudo, do Faro y San Martiño y alberga la considerada mejor playa del mundo: Rodas. El turismo y la conservación ambiental son aquí plenamente compatibles gracias al control de visitantes, las campañas de educación y sensibilización o el amparo de figuras de protección especial (ZEPA, por ejemplo).
San Simón, por su parte, es un enclave isleño que aúna interés histórico, natural y turístico. La denominada Isla de los Monjes abarca diecisiete hectáreas donde se dan cita ecosistemas de pinares y dunas, una antigua capilla y otras rarezas.
La isla de Arosa, en la ría de nombre homónimo, es una parada obligada para el público senderista y los amantes de la naturaleza en general. Alberga numerosas playas como Bao-Camaxe, Sualaxe o Cabodeiro y está conectada con Vilanova de Arousa mediante un puente. Su patrimonio natural está protegido por distintas figuras y estatus: Reserva Natural, Red Natura 2000, ZEC, etcétera.