Todo el turismo global se apoya en una reducida red de destinos que movilizan a millones de personas al año por su valor histórico, cultural o ecológico. Un vistazo a las ‘mecas’ particulares de cada país revela tópicos como el Louvre y el Coliseo romano, pero también alguna que otra sorpresa. Por un lado, es previsible que las costas de Hawaii, Yucatán o Mauricio alberguen la mejor playa del mundo, pero la realidad es que este honor corresponde a las Islas Cíes, en Galicia.
Con su kilómetro y medio de largo, Rodas conecta dos de las tres islas de este archipiélago atlántico. Algo en sus aguas cristalinas y en el exotismo de su entorno natural debe ser diferente al resto porque esta playa fue elegida como la más bella a nivel internacional por el diario The Guardian. Otros rankings mundiales han reconocido su valor, como el ‘The World’s 50 Best Beaches’.
Aunque la Plaza Roja en Moscú o la Piazza del Campo en Siena congreguen a cantidades masivas de turistas, Times Square presume de ser la plaza más famosa y emblemática. Se trata del epicentro del Theater District de Nueva York, inconfundible por los numerosos carteles y anuncios que la iluminan de noche, convirtiéndola en uno de los enclaves más fotogénicos de EE.UU.
En el interior del palacio parisino del Louvre, el museo de nombre homónimo alberga una de las mayores colecciones de arte de Europa. Sus vitrinas son el hogar de tesoros del mundo antiguo como la Gran Esfinge de Tanis o La Gioconda de Leonardo da Vinci.
El Coliseo o Anfiteatro Flavio es en sí una reliquia del pasado, y su exploración sigue cautivando a las nuevas generaciones de viajeros que recorren la capital italiana.
A medio camino entre Canadá y Estados Unidos, las cataratas del Niágara compiten con el Gran Cañón de Yellowstone, la Gran Barrera de Coral en Australia o el Parque Nacional Serengueti en Tanzania. Este destino natural cuenta con tres caídas que suman un descenso de más de cincuenta metros.